La "orden de la legitimidad" sixto-alfonsina
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| Posar junto a retratos de "Felipe VI", al parecer una afición secretaril. |
Tal y como habíamos comentado en nuestra entrada anterior, resulta llamativo, vista la continua matraca pseudo purista de los Súper Secretarios, que el propio príncipe Sixto titule a Alfonso de Borbón y Habsburgo-Lorena (Puigmoltó según el decir machacón del Censor, Enciclopedia Británica mediante) como Alfonso XIII. No menos llamativo que a otro Alfonso, de Borbón Dampierre, lo califique de rey.
Esto puede parecer una incoherencia a simple vista. Pero en el fondo no lo es, sino que se corresponde con una trayectoria permanente desde aquellos tiempos en los que, como ya contamos, Sixto visitaba la Zarzuela y mostraba "total acatamiento" a Juan Carlos como rey heredero de Franco, a cambio de ser llamado por éste "Abanderado de la Comunión Tradicionalista". También hemos narrado cómo invitó a un funeral por su padre Don Javier al propio Juan Carlos, que estuvo representado en lugar de honor por su primo el duque de Calabria.
Los imberbes recién llegados al neo sixtismo tienen muy poca idea de la trayectoria de sus líderes, pero otros los hemos conocido muy de cerca y desde hace muchas décadas. Hoy traemos otra joya para que el lector se dé cuenta de por donde va este juego. Es una publicación de 2005. La llamada Academia de Genealogía, Nobleza y Armas Alfonso XIII publicó un librito llamado Elenco de Órdenes de Caballería en el que adivinen qué orden aparece. Pues sí, la de la legitimidad proscrita.
En 2001 el Profesor "reactivó" al príncipe Sixto, que tan tranquilo vivía en Francia. Y de las primeras cosas que hizo fue "reactivar" también a dicha orden. ¿Y a dónde acudió, en primer lugar, para legitimar su nuevo chiringuito? Pues claro, al alfonsismo. No podía ser de otro modo. Así, tan solo cuatro años después de la reactivación, vemos publicado el librito, que no tiene desperdicio.
En él aparece Sixto junto a Juan Carlos, su padre y su primo el duque de Calabria (sí, el que fue al funeral por Don Javier).
Juan Carlos, obvio en la publicación de una "academia" dedicada a "Alfonso XIII", aparece como S.M. el Rey y Sixto con su pseudo titulito de "Abanderado" que, recordemos, le otorgó el de la Zarzuela en la transición.
No se queda la cosa ahí. No es solo que aparezca porque a uno, podría mentirse (que algunos son expertos), le hayan metido sin su permiso. No. Es que uno es parte activa de la publicación y de la propia "Academia Alfonso XIII". Así, queridos amigos, uno figura como miembro del comité de honor, y otro en lugar destacado en los agradecimientos.
Al final de esta publicación repleta de juanismo y juancarlismo por todas partes, incluida dedicatoria de toda la obra a la Duquesa de Lugo, en un anexo encontramos a la "orden" de la legitimidad sixto-alfonsina junto a otras carloctavistas extinguidas.
Esta y no otra es la fuente de la "legitimidad" de la que bebe la orden sixtina y las cruces que el Profesor y el Censor vienen dando a sus amigos. No sabemos cómo funcionan las mentes delirantes de según quienes, pero no se puede vivir permanentemente e un mundo de fantasía. Nadie en el mundo, excepto dicha academia Alfonso XIII, reconoce tal orden. Aquí no importa primogenitura, ni ninguna de las condiciones necesarias para lo que los expertos llaman "fons honorum", ni todas esas cosas que ignoramos, por más que pretendamos ser los más listos y cultos.
Aquí hacemos lo que nos da la gana, que para eso somos la piedra de toque de la "tradición" y el "legitimismo". Aquí, entre dos o tres titulamos Abanderado de la tradición universal del mundo entero o Regente o Jefe de la Dinastía legítima a quien nos da la gana y porque nos da la gana. Pero, eso sí, acudimos a alfonsismo, al que no paramos de reconocer autoridad, para legitimar el ponernos crucecitas a nosotros mismos y a nuestros amigos.
Y de paso, como hay un Borbón segundón que nos hace el juego, engañamos a jovenzuelos, que se obnubilan ante la grandilocuencia de nuestra retórica enrevesada y ridícula, o hacemos creer a seis o siete muchachos del otro lado del charco que son una especie de cruzados medievales con un rey Arturo a su cabeza, y exigimos juramentos estúpidos a quien se acerca, mientras presidimos consejos inventados y damos conferencias por aquí y por allá, pero nunca haciendo nada que huela a política (mucho menos carlista).Y nos creemos nobles, porque aquí noble es quien nosotros digamos cuando digamos, y pensamos que somos las élites de una sociedad "no igualitaria" y jefes y mandamases de todo el hispánico orbe. Pero, eso sí, todo supervisado por un señor al que servir. Llámese Felipe, Juan Carlos o Juan. Al fin y al cabo, de ahí es de donde venimos.
Todo, como se ve, carlismo puro.









